El 53,6 % de los chicos de entre 0 y 17 años vive en la pobreza la Argentina, una cifra mayor en casi 18 % respecto de la de 2011 para esa franja etaria.
La denominada “inseguridad alimentaria”, entendida como la falta de acceso regular y permanente a alimentos en cantidad y calidad, alcanzó en 2025 al 28,8 % de los niños, niñas y adolescentes argentinos.
El número es casi 7 puntos porcentuales menores al del año anterior cuando, con el 35,5 %, se había alcanzado el pico de “inseguridad alimentaria” luego de la pandemia.
Al inicio del gobierno de Javier Milei, la pobreza afectaba al 62,9 % de los niños y adolescentes. La cifra se redujo a 59,7 % en 2024 y a 53,6 % a diciembre del año pasado, según los datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA).
La serie que presenta la UCA muestra que la mejor situación se observó en 2011, cuando la pobreza de este conjunto se redujo a 35,7 %.
Los primeros saltos se dieron en 2018 (51,7 %) y, desde 2020, el porcentaje de chicos pobres se mantuvo por encima de 60 %.
La UCA presentó este miércoles los resultados del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia correspondientes al período 2010-2025.
En 2010, la pobreza afectaba al 45,2 % de los niños, niñas y adolescentes, mientras entre 2011 y 2012 disminuyó levemente (35,7 % y 38,4 %), pero a partir de allí inició un período de deterioro casi ininterrumpido, con picos en 2020-2021 (alrededor del 64-65 %) y un máximo histórico en 2023 (62,9 %).
“El progreso en 2024 y 2025 resulta significativo, pero “el nivel sigue siendo muy superior al de 2010 y, por supuesto, al de los mejores años de la década pasada”, sostuvo la institución.
En el caso de la indigencia, la trayectoria es similar, pero con oscilaciones más pronunciadas: partió de 11,4 % en 2010, bajó a 8 % en 2011-2012 y luego registró un incremento sostenido, que la llevó al 17,7 % en 2024. Para el caso de 2025, descendió al 10,7 %, lo que representa una caída relevante que la acerca a los registros de 2017-2018.
Inseguridad alimentaria
Por otra parte, el informe señala que el 28,8 % de los niños y adolescentes experimentó inseguridad alimentaria en 2025, con un 13,2 % en su forma más severa.
Si bien estos valores implican un avance respecto de 2024, no logran volver a los niveles previos a 2017. La problemática se concentra en los hogares de menores ingresos, con mayor incidencia en los estratos socioeconómicos bajos y en el conurbano bonaerense.
En este contexto, la asistencia alimentaria trepa al 64,8 %, una marca récord. En perspectiva, a partir de 2020 se vislumbra un fuerte aumento, impulsado no solo por el acceso y la cobertura de comedores escolares y comunitarios, sino también por la incorporación de la tarjeta Alimentar. Por otra parte, el reporte detalla que la cobertura de transferencias como la asignación universal por hijo (AUH) alcanzó al 42,5 % de los niños, lo que conlleva una merma de 3,3 puntos porcentuales en relación a 2024.
La UCA precisó que esta y otras transferencias no contributivas llegan mayoritariamente a quienes más lo necesitan, aunque no a la totalidad; al mismo tiempo, dejan fuera a sectores que, pese a encontrarse en situación de pobreza, quedan excluidos del sistema.
Otros indicadores
El trabajo señaló que la cantidad de hogares que tienen niños y adolescentes entre sus miembros decrece de manera sistemática.
En 1991, el 56 % de los hogares tenía miembros menores de 18 años mientras que en 2022 ese valor se redujo al 44 %.
Para 2025, se proyectó que todas las jurisdicciones del país estarán por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer.
El informe añade que el 42 % del conjunto de chicos pobres vive en condiciones de insuficientes de saneamiento de vivienda, donde se incluye por ejemplo tratamientos de residuos y cloacas.
Otro dato relevante es que el 61,2 % no tiene cobertura médica a través de obra social, mutual o prepaga.
La situación se agrava cuando se observa que el 82 % no realiza actividades culturales extraescolares.
A su vez, el 18 % presentó síntomas de tristeza o ansiedad, según sus adultos de referencia.
La incidencia es mayor en la adolescencia (21,2 %) y, dentro de este grupo, las mujeres adolescentes superan en riesgo a los varones (24,7 % frente a 18 %).
Las desigualdades sociales son marcadas: el estrato muy bajo (20,7 %) registra el doble de probabilidades de experimentar malestar emocional que uno del estrato medio alto (10,6 %). Además, la tristeza o ansiedad aumenta en un 46 % la probabilidad de no aprender mucho en la escuela.
En lo que respecta a la formación, apenas la mitad tiene una computadora en la casa y solo el 16 % tiene acceso a internet.
Por otra parte, solo el 6,3% de los chicos escolarizados recibe algún tipo de ayuda económica para estudiar.
CGP, agencia NA y Ámbito
